Productividad, competitividad, empleo y Estado social (I), por Michel Leis

Billet invité. Traduction en espagnol par Myriam Fernández de Heredia. Texte en français, ici.

Los discursos oficiales justifican la erosión gradual del Estado de bienestar debido al peso que representa el déficit presupuestario. Al mismo tiempo, hacen del credo de la competitividad empresarial el único horizonte de la política económica. Estos dos aspectos de un discurso de gestión y dogmático que se han convertido en la norma política de hoy en día no son tan independientes como parece a primera vista. El mundo económico proclama desde el alba hasta el ocaso que no se puede subir los impuestos en nombre de la competitividad insuficiente. Como único remedio el Estado sueña con el regreso del crecimiento, la poción mágica que hará aumentar tanto los ingresos fiscales como el empleo. Ilusión peligrosa que ignora los avances históricos en la productividad y el empleo. Sin embargo, debemos mirar la situación actual en toda su complejidad y este largo post es en parte una respuesta y un complemento de dos posts ya viejos de Zebú (*) (27 de octubre y 30 de octubre) sobre la productividad y la automatización.

Quiero mostrar en esta serie de notas la imposibilidad de conciliar en nuestro contexto actual dos tipos de acción política. Por un lado, la que se dedica a los « imperativos » de la productividad y la competitividad, en nombre de los supuestos beneficios de una economía en auge, leitmotiv del Gobierno y de las organizaciones de empresarios. Por otro, una política que dice defender la solidaridad nacional, según la cual los sacrificios serían tan sólo para conservar lo esencial, es decir, cortar un dedo en lugar de ser víctima de la gangrena que sin embargo parece inevitable. Desde hace años, los compromisos que presenta el poder político reflejan, en el mejor de los casos, la imposibilidad de elegir, y en el peor, un cinismo sin límites.

En el contexto actual de las relaciones de poder, es una ilusión imaginar que se puede prescindir de opciones radicales, los ciudadanos son perfectamente conscientes de ellos. Es lo que beneficia a ciertos partidos populistas de derecha, cuya habilidad táctica consiste en presentar un radicalismo que se refiere solo a los demás. Sin embargo, la estrategia del chivo expiatorio igual que el compromiso tiene sus límites, ya que nunca se aborda el problema de fondo. Debemos recordar los conceptos básicos que se encuentran en el meollo de este debate para entender esta incompatibilidad creciente y esclarecer las alternativas políticas.

Productividad

La productividad es uno de los conceptos de los que más se habla, sin cuestionar nunca su medida. La productividad es un cociente de eficiencia que evalúa supuestamente la contribución de un factor (trabajo o capital) en la producción de la empresa. Como se trata de eficiencia, se debe medir en una relación puramente material, por ejemplo, entre el número de unidades producidas y el número de empleados, máquinas, o la cantidad de horas trabajadas. Esta medida no permite lamentablemente una comparación entre sectores de actividad. Incluso entre las empresas que producen bienes similares, la comparación sigue siendo difícil, ya que la cantidad total de trabajo (humano o de las máquinas) incorporado en el bien producido puede variar de un objeto a otro y de una fábrica a otra. La medición de la eficacia de una máquina no dice nada de su coste: una máquina extraordinariamente eficiente que costara millones de euros para producir bienes muy baratos y de escaso margen por unidad no tiene mucho sentido desde el punto de vista gestión de las empresas. La productividad no puede ser considerada como el alfa y el omega del proceso de producción, esto lo veremos con más detalle en la sección sobre la competitividad.

Para obtener mediciones comparables, la medición de la productividad del trabajo [i] mezcla manzanas y peras, comparando el valor añadido (que es un valor monetario) a la cantidad de horas trabajadas, que es un dato « físico ». Por su parte la productividad del capital es más coherente, ya que compara el valor añadido al volumen del capital empleado, ambos medidos en valor monetario. Sin embargo, en el mundo real, desde el momento en que intervienen los precios (de venta, de compra) y las monedas, empiezan a actuar una serie de relaciones de fuerza que sesgan la medición; volveré sobre esta cuestión más adelante.

Si tomamos por ejemplo el valor añadido, este constituye una primera aproximación de la medida monetaria de un excedente, que se generaría con la incorporación del trabajo del hombre y de la máquina [ii] a los bienes o servicios adquiridos para producir un producto o prestar un servicio. Aquí se entiende el término « incorporación » en general. Representa no sólo una proceso únicamente del trabajo de producción y transformación, sino también el trabajo logístico y comercial, como el de llevar el producto a un punto de venta cercano a los consumidores y venderlo. Del mismo modo, podemos medir a nivel contable un valor añadido en la labor de intermediación bancaria realizada por máquinas o por traders: pedir un préstamo al banco central u otras instituciones financieras a un determinado tipo de interés y vender los créditos a un tipo más alto.

Fig 1

Michel Leis ESP 1

Cifra de negocios = precio de venta x cantidad vendida

Consumos intermedios y ventas exteriores   Valora añadido   Incorporación del trabajo de personas y máquinas

Si la medida de la productividad del trabajo sobre la base del valor añadido tiene un sentido es la búsqueda de beneficios. Parte del valor añadido se utiliza para pagar, por un lado el trabajo de los seres humanos en forma de salario y por otro los anticipos de capital en todas sus formas (crédito, acciones); la productividad, por lo tanto es un desafío de primera magnitud. Cuanto mas eficaz es un proceso de producción, es decir, cuanto menos mano de obra humana requiere, mayor es la fracción para remunerar el capital. También es necesario que los productos y servicios ofrecidos encuentren compradores. De este modo la búsqueda de ganancias de productividad es uno de los motores más potentes de la economía capitalista desde sus orígenes. Me gustaría recordar en este primer post las distintas estrategias aplicadas para lograr ese resultado.

La combinación inicial de capital y el trabajo da un cierto nivel de productividad, por lo general refleja el estado de la técnica en el momento en que se instala la herramienta de producción, así como las normas de la profesión. Sin embargo, esta combinación solo es ideal el día que comienza la producción (o que se pone en marcha el servicio). Es probable que las herramientas aplicadas unos meses después sean más eficaces, porque las normas están en constante evolución.

Podemos ilustrar esta idea con algunas cifras teóricas cuyas variaciones nos permitirán entender cómo las acciones en materia de organización, de automatización o de relación con los clientes o proveedores permiten obtener aumentos de productividad.

Fig 2

Cantidad Precio de venta Cifra de negocios Consumo intermedio y compras externas Valor añadido Cantidad de horas necesarias Productividad horaria del trabajo
1 000 100 100 000 45 000 55 000 8 500 6,5

El valor añadido es la diferencia entre la cifra de negocios y el consumo intermedio (incluyendo las variaciones en el inventario) y las compras externas, en este ejemplo, 100.000 y 40.000

Me centraré el resto de este post en la productividad aparente por hora. Se utilizan cuatro estrategias básicas para lograr aumentos de productividad.

La estrategia histórica del capitalismo en términos de aumento de la productividad es la división del trabajo en tareas elementales, que es la que subyace en particular en la transición de la artesanía a la industria. Este es un enfoque muy anterior a los escritos de Charles Taylor. Así nos encontramos con procesos de producción especializada desde la antigüedad en China. [III] Taylorismo y fordismo son en realidad un « aplanamiento » en el sentido estricto de la especialización de las tareas. Estas se yuxtaponen en una secuencia lógica, cuya culminación industrial es la línea de producción, que combina la fragmentación del trabajo y la minimización de la logística interna. Esta división también existe en la burocracia. Cuanto más se descompone la fabricación de un objeto o la creación de un servicio en procesos elementales, menos tiempo se dedica a cada proceso. Podemos tratar de acelerar la cadencia, pero tropezamos con los límites de viabilidad de cada operación elemental, que requiere una cantidad de tiempo incompresible. Además de la automatización, que volveré a tratar, una descomposición aún más fina de trabajo produce este resultado, lo que significa añadir puestos de producción en la cadena de montaje para reducir el tiempo empleado en cada puesto de trabajo. Esta descomposición sin embargo, tiene limitaciones cuando es necesario introducir una cierta flexibilidad en las cadenas de producción. Una descomposición demasiado fina se vuelve contraproducente, porque algunas tareas no se llevan a cabo de manera sistemática, lo que podría conducir a que haya personas o máquinas parcialmente inactivas en el proceso. Hay que tener en cuenta que, desde el punto de vista industrial, la operación es reversible, la reducción de volumen se acompaña de una reducción del número de puestos en la cadena, porque las cadencias varían dentro de rangos estrechos, y un deterioro de la productividad es sinónimo de una menor remuneración de los anticipos de capital.

Esta es la lógica de los “tiempos modernos » de Charlie Chaplin, la que preside los procesos de producción que representa un volumen determinado. En comparación con nuestro ejemplo inicial se puede representar la variación de la productividad obtenida siguiendo este tipo de estrategia de la siguiente manera:

Fig 3

Cantidad Precio de venta Cifra de negocios Consumo intermedio y compras externas Valor añadido Cantidad de horas necesarias Productividad horaria del trabajo
1050 100 105 000 42 000 63 000 10 000 6,3

El aumento de productividad resulta del aumento de la cantidad producida sin cambio en el número de horas trabajadas (esta podría ser la misma cantidad producida utilizando menos mano de obra); el consumo intermedio y las compras externas aumentaron de manera directamente proporcional al número de unidades producidas.

La segunda estrategia consiste en sustituir el factor trabajo por el capital, considerado más eficaz que el trabajo. En realidad, la posibilidad de sustitución depende en gran medida del estado de la técnica y de la división del trabajo, que es una condición previa para poder automatizar tareas. Esta es la otra visión tradicional que nos viene a la mente en cuanto al aumento de productividad. Sin embargo, el equilibrio entre los robots y los trabajadores en un proceso de producción es un ejercicio delicado. En algunas zonas, especialmente las que implican el manejo y procesamiento de piezas pesadas, el robot es infinitamente superior al hombre. Sin embargo, a pesar del aumento de rendimiento exponencial del software, hay una serie de límites físicos para automatizar tareas en el ámbito industrial. La robótica no es sólo una cuestión de software, sino también una cuestión de física y mecánica. Un proceso complejo o insuficientemente descompuesto en procesos elementales es extremadamente costoso de ejecutar, y el precio de robots crece exponencialmente con el número de ejes de rotación utilizados para llevar a cabo un proceso. El grado de precisión de los cilindros, rodamientos y motores aumentan los costes necesarios de la producción de este tipo de máquinas. Pero si nos orientamos hacia una descomposición en procesos de producción más simples, esto tiene un impacto en toda la organización de la cadena de montaje, en particular, en la flexibilidad de las cadenas. Desde la perspectiva de la gestión empresarial, la transferencia hacia el capital fijo no ofrece la misma flexibilidad en caso de variación de la producción, por lo que esta es una decisión que debe mostrar beneficios tangibles. La máquina debe ser capaz de reemplazar a un determinado número de trabajadores para justificar su lugar, las cadencias dependen del punto más lento de la cadena, excepto cuando todo el proceso puede ser automatizado. En términos de servicio, de tratamiento de la información o de apoyo a las decisiones, la parte de la manipulación física a menudo se reduce al mínimo, lo que permite una automatización más fácil. Han desaparecido por completo algunas etapas u oficios intermedios, porque se han vuelto inútiles, como los taquimecanógrafos o los mecánicos de aviación que iban en el avión.

Para volver al ejemplo inicial, la variación de productividad obtenida en este caso es como sigue:

Fig 4

Cantidad Precio de venta Cifra de negocios Consumo intermedio y compras externas Valor añadido Cantidad de horas necesarias Productividad horaira del trabajo
1 000 100 100 000 40 000 60 000 9 000 6,7

El aumento de la productividad es el resultado de la disminución en la cantidad de horas de trabajo para producir la misma cantidad de bienes, mientras todos los demás valores siguen siendo invariables. También puede ser un aumento en la producción con la misma cantidad de trabajo, como en el caso anterior. Este ejemplo hipotético ilustra la potencia del aumento de productividad que se puede lograr mediante la automatización; los límites en este ámbito residen también en la relación entre el coste de la inversión y su valor añadido. En el mundo real, estas dos primeras estrategias, división del trabajo y automatización, se utilizan obviamente de manera conjunta.

La tercera estrategia es la de la contratación externa. Esto es, subcontratar parte de la actividad que no es el « core business » (actividad fundamental) a una empresa para la que esta actividad sí sea el meollo de su negocio. En las cuentas nacionales, esto debería representa un incremento mínimo de la productividad, por tratarse de la ejecución del mismo trabajo por otra empresa. Sin embargo, esto no es así por varias razones. Lo que es sólo una actividad accesoria para la empresa contratante puede ser el negocio principal para la subcontratista. Esta puede ser mucho más eficaz en relación con la actividad, especialmente si tiene varios clientes para productos similares, lo que le permite extender las series y optimizar la división del trabajo y la automatización. Es esta la diferencia de productividad que encontramos como aumento en las cuentas nacionales. Además, esta tarea puede llevarse a cabo en el extranjero, en regiones donde el trabajo es más barato. El beneficio es doble: el aumento de la partida de compras es inferior, conservando así un mayor valor añadido, mientras que el mecanismo de precios de transferencia y la facturación a través de filiales offshore facilitan la evasión de impuestos.

Esta estrategia se inscribe de la siguiente manera en nuestro ejemplo inicial:

Fig 5

Cantidad Precio de venta Cifra de negocios Consumo intermedio y compras externas Valor añadido Cantidad de horas necesarias Productividad horaira del trabajo
1 000 100 100 000 45 000 55 000 8 500 6,5

El importe de las compras externas aumenta, ya que lo que no se produce in situ se convierte en una compra, lo que daría lugar a una disminución del valor añadido, pero si el número de horas trabajadas se reduce más que proporcionalmente, se obtiene un aumento de la productividad. Obviamente, si el equilibrio de fuerzas o la producción en el extranjero permite obtener un precio de compra aún más bajo, el aumento de la productividad aparente es aún más importante.

Por último, hay una estrategia que no va dirigida estrictamente al aumento de la productividad, pero cuyo efecto es directamente visible en su medida: si la empresa consigue aumentar el precio gracias a la comercialización, la imagen marca o cualquier otro método que aumente el precio de venta sin cambiar masivamente la cantidad de trabajo necesario para la producción ni las compras, entonces hay también un aumento de la productividad, simplemente aumentando el valor añadido. No pasemos por alto este tipo de estrategia que explica gran parte del aumento de la productividad aparente que se ha observado en los últimos años.

Esto es lo que refleja en la ultima variación de nuestro ejemplo teórico:

Fig 6

Cantidad Precio de venta Cifra de negocios Consumo intermedio y compras externas Valor añadido Cantidad de horas necesarias Productividad horaira del trabajo
1 000 110 110 000 42 500 67 500 10 500 6,4

Aquí, muchas partidas aumentan, empezando por el precio de venta. Sin embargo, hay varios tipos de costes que se agregan, empezando por los costes de comercialización, sin contar que hay que dar un contenido al producto para justificar esa diferencia de precios, lo que probablemente de lugar a la adición de nuevas funcionalidades o un mayor rendimiento.

Por supuesto, las estrategias descritas anteriormente y los ejemplos teóricos que las acompañan nunca se encuentran utilizadas aisladamente, sino en combinaciones muy complejas. Cada sector tiene su propia mezcla que está en evolución permanente y que se puede definir como la norma de la producción del sector. La imbricación entre las empresas y los procesos hace que sea difícil diferenciar el origen de la productividad. El efecto de los aumentos de la productividad en el empleo es en sí mismo una función directa de la propia combinación para cada sector, pero también de las oportunidades de encontrar salidas y clientes. El siguiente paso es poner en perspectiva durante un largo periodo los aumentos de la productividad, pero también los factores que llevaron a este aumento por grandes sectores de actividad, para entender sus impactos pasados y futuros sobre el empleo.

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(*) Otro colaborador habitual del blog de Paul Jorion

[I] Se trata de la productividad aparente por hora de trabajo sobre la que hay grandes bases estadísticas.

[II] Obviamente, hay elementos que hacen variar el valor añadido, por ejemplo, el cambio en el inventario o todo lo que resulte de productos y cargas excepcionales o de productos financieros en caso de que fueran superiores a los gastos financieros. Estamos en este nivel en una lógica de análisis económico, no en una lógica contable.

[III] El famoso ejército de terracota de Xian se realiza en serie a partir de elementos fabricados por artesanos especializados.

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